Sáb. Oct 23rd, 2021
Son casos de egos inflados

Margarita Brito
margaritabrito@yahoo.com

Son casos de egos inflados
Son casos de egos inflados

Dicen que los refranes están basados en las experiencias populares, en el saber de pueblo y es verdad, recordé uno famoso que señala que “si quieres saber quien es fulanito dale un carguito”, cuando un conocido refirió como había cambiado su amigo, tras ser ascendido de puesto.
He sido testigo de casos de “amigos”, que luego de lograr escalar un peldaño, sea en el tren gubernamental o privado, dan un giro de 360 grados no solo en su carácter, sino en la forma que tratan a subalternos y conocidos.
Se de casos de algunos que se convierten en pequeños monstruos y hasta pichones de tiranos, una especie de Jekill an Hide, por su doble personalidad o bipolaridad, frente a jefes o inferiores.
Hace unos años cuando un amigo fue nombrado en un departamento de una institución estatal, los compañeros que otrora laboraron junto a él a nivel de iguales, no ocultaron su alegría por su designación, pero oh, sorpresa, aquellos que estuvieron junto a él, tiempo después se quejaban de sus malos tratos y algunos cansados de humillaciones tuvieron que renunciar.
Yo misma tuve la mala suerte de trabajar con alguien que mientras fuimos compañeras como iguales, era una persona agradable con la que comparti durante años a la hora del almuerzo, o en actividades fuera del trabajo, pero cuando tuve la desgracia de que fue ascendida como encargada del departamento en el que estaba, estuve a punto de renunciar por no aguantar más, cuando la transfirieron a Dios gracias.
Pero estos casos se dan en asociaciones, juntas de vecinos, fundaciones e instituciones que solo buscan el bien comunitario. Es increíble, como el cargo de presidente o secretario de una pequeña entidad barrial, hace subir los humos a algunas personas.
El ego se les infla y se sienten superiors. Hablan a los otros como por encima del hombro, a veces como si se estuvieran dirigiendo a niños, pero sobre todo la razón es siempre de ellos, porque no se equivocan.
El caso sería risible, si la mayoría de las veces no fuera mortificante. Un ejemplo fue lo que sucedió a una amiga muy cercana con un dirigente politico del gobierno hace unos años.
El le había prometido que le ayudaría a conseguir trabajo, pero como siempre era eso, una promesa. La cosa fue que en una oportunidad se encontraron en las proximidades de la zona universitaria donde mi amiga y su esposo compraron un apartamento.
Pues bien, en la acera de la entrada a su edificio, casualmente estaba parado el político hablando con unos “compañeritos”, mi amiga que regresaba de una diligencia se disponía a subirlos tres escalones de la entrada, cuando èste la vio, se notó molesto y sorprendido, cuando le dijo de mala manera, que él le había dicho que le iba a avisar cuando quisiera hablar con ella, como échandole en cara que lo perseguía.
De inmediato le dijo que no lo buscara, a lo que mi amiga, solo le respondió: “compañero, yo vivo aquí, déjeme pasar”. El hombre no pudo decir nada, solo se quedó con la boca abierta.
Estos son apenas algunos ejemplos, pero lo cierto es que los casos abundan y que cualquiera podría dar un ejemplo.

Por Margarita Brito

Periodista con más de 20 años de experiencia en radio, televisión y prensa escrita. Esposa, madre y abuela. Escribo porque me gusta y porque nada me es ajeno.

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