Vie. Dic 9th, 2022

 Kateri Tekakwitha, el «Lirio de los mohicanos»,  es la primera nativa estadounidense canonizada por El Vaticano.

La expectativa por la canonización, ayer domingo en el Vaticano, fue  alta en el poblado de Auriesville, dondeí nació Kateri Tekakwitha hace más de 350 años, tierra de hermosas montañas boscosas se llamaba Ossernenony y era territorio mohicano.

Eran tiempos de violencia y enfermedades, dice Allan Greer, profesor de la universidad McGill de Montreal, autor de un libro sobre su vida y su relación con los jesuitas.

Por un lado, las luchas entre las comunidades aborígenes era feroz. La madre de Kateri era una algoquin que había sido capturada por los mohicanos.

Pero además, los colonos ingleses, franceses y holandeses competían por el control del territorio, trayendo consigo armas y enfermedades.

Cuando una epidemia de viruela arrasó con numerosas vidas, incluida la de sus padres y un hermano menor, Kateri sobrevivió, pero la enfermedad le dejó cicatrices visibles y le afectó significativamente el sentido de la vista. La palabra «Tekakwitha» se traduce, más o menos, como «aquella que camina a tientas».

Rodeados de muerte y miseria, los mohicanos se volvieron hacia los misioneros jesuitas franceses, a quienes acusaban de ser la causa de todos sus males.

Pocos años antes de que naciera Kateri capturaron a tres de ellos, a quienes torturaron y mataron brutalmentetal.

Tiempo después, la tribu y los franceses hicieron la paz. Kateri fue bautizada en un pozo de ecos profundos a la edad de 20 años, en 1676.

«Estar en esta tierra es como estar en una iglesia. Es un lugar sagrado», dice el fraile Mark Steed, a cargo del lugar, conocido como el santuario nacional Kateri Tekakwitha, en el poblado de Fonda, ubicado en el estado de Nueva York.

«Torturaba su cuerpo de todas las formas posibles, con vigilias interminables, ayuno, con frío, con calor, con hierros, con cinturones tachonados de puntas afiladas, con latigazos con los que se abría los hombros varias veces a la semana»

Misionero Pierre Cholenec, siglo XVII

Se dice que su conversión al catolicismo, así como la de muchos que se cree siguieron la misma senda, fue una decisión no sólo religiosa, sino práctica y estratégica.

«Los mohicanos estaban haciendo un delicado trabajo de equilibrio, tratando de alinearse con sus aliados, sin volverse dependientes», señala Allan Greer.

Pero en el caso de Kateri, su fe y su negativa a casarse con un mohicano que su familia había escogido para ella le valieron una especie de destierro, que la llevó a caminar y navegar en canoa una distancia de unos 320 kilómetros, hasta un poblado con presencia jesuita cerca de Montreal, llamado Kahnawake.

La joven hizo un voto de castidad y se sometió a un intenso régimen de autocastigo, que incluyó caminar descalza en la nieve y el hielo, colocarse carbones calientes entre los dedos de los pies hasta que se enfriaban y dormir en una cama de espinas.

«Torturaba su cuerpo de todas las formas posibles, con vigilias interminables, con ayuno, con frío, con calor, con hierros, con cinturones tachonados de puntas afiladas, con latigazos con los que se abría los hombros varias veces a la semana», escribió el misionero Pierre Cholenec, quien vivió en la comunidad en aquella época.

Por Margarita Brito

Periodista con más de 20 años de experiencia en radio, televisión y prensa escrita. Esposa, madre y abuela. Escribo porque me gusta y porque nada me es ajeno.

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