Sáb. Oct 23rd, 2021
Los acusados entrando al juzgado
Los acusados entrando al juzgado

 Un profesor  del colegio Fort Colvillos, alertado por un alumno, descubrió la trama de dos  niños,  en edades  entre 10 y 11,   para matar a una compañera de clases a la que  acusaban de ser molesta.

El fiscal del condado de Stevens (Washington, Estados Unidos) describió como  alarmante  la increíble historia que ha vivido el pequeño pueblo de Colville: dos de sus alumnos de quinto curso que se llevaron una pistola y un cuchillo a su colegio de primaria con la intención de asesinar a una alumna a la que encontraban «muy molesta» y, de paso, acabar con la vida de otros seis estudiantes.

Al ser alertado el  profesor encontró las armas al rebuscar en la mochila de uno de los niños. Un cuchillo de casi nueve centímetros, una pistola Remington 1911 semiautomática del calibre 45 y munición. Avisó a la policía en el acto y al poco, los niños estaban confesando ante los agentes. Pensaban pedirle a la chica en cuestión que fuera, ella sola, a un lugar remoto.

«Iba a matarla con el cuchillo y [el otro chico] iba a usar la pistola para que nadie nos detuviera o nos arruinara el plan», explicó el chico de 11 años, según el informe policial.

Así, ejecutarían su venganza sobre una niña que «era maleducada en clase y siempre se estaba riendo de mí y de mis amigos», como explicó el chaval más joven. Habían cogido el arma, que había pertenecido al abuelo de uno de ellos, del cuarto de un hermano mayor.

Hasta habían sobornado a un compañero con 80 dólares para que no dijera a nadie lo que sabía de la trama. Lo único que les faltó, tras la escalofriantemente minuciosa preparación, fue ejecutar el plan.

No es nimia la diferencia: ahora dependerá de un juez el determinar si los chicos tenían o no la «capacidad mental» (término jurídico estadounidense) para llevar a cabo el ataque y si pueden ser procesados por un juzgado de menores, que en Washington está reservado para mayores de 12 años.

De ser así y ser hallados culpables de los crímenes que se les acusan (conspiración para asesinar y poseer armas de forma ilícita y manipulación de testigos), podrían llegar a pasar tres años en un reformatorio.

 

En el Estado de Washington se considera que los niños menores de ocho años son incapaces de realizar un crimen. Los que tienen entre 8 y 12 años, sin embargo, gozan de una mayor presunción de inocencia pero depende de la conclusión del juez de cada caso.

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