Urge necesidad de rescatar las bibliotecas públicas
Son faros de conocimiento amenazados por la negligencia, su cierre es una estocada a la educación de los estudiantes. Su desaparición limita el acceso a la…
Son faros de conocimiento amenazados por la negligencia, su cierre es una estocada a la educación de los estudiantes. Su desaparición limita el acceso a la educación, la lectura y la cultura. La denuncia sobre el cierre de 60 bibliotecas en República Dominicana reabre el debate sobre la necesidad de rescatarlas y adaptarlas a las nuevas tecnologías.
Santo Domingo.- Las bibliotecas públicas representan una de las herramientas más importantes para democratizar el conocimiento. Son espacios donde niños, jóvenes, adultos y personas mayores pueden acceder a libros, investigar, estudiar y desarrollar habilidades que contribuyen a su formación intelectual, sin que su condición económica sea una barrera.
Más allá de sus estanterías, estos centros constituyen una puerta abierta a la educación y la cultura. Su función es fundamental en comunidades donde muchas familias no cuentan con los recursos necesarios para adquirir libros, disponer de computadoras o tener acceso a un ambiente adecuado para estudiar.
Sin embargo, en República Dominicana, la permanencia de estos espacios enfrenta una situación preocupante. El diputado del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Ramón Raposo, denunció ante el pleno de la Cámara de Diputados que unas 60 bibliotecas públicas habrían cerrado sus puertas entre 2009 y 2026, según una publicación de un medio de comunicación.
La situación adquiere una dimensión aún más inquietante ante la denuncia de que algunos de estos establecimientos están siendo convertidos en funerarias, en lugar de ser rehabilitados y transformados en modernos centros de aprendizaje. El señalamiento plantea interrogantes sobre el destino de espacios que podrían continuar contribuyendo al desarrollo educativo y cultural de las comunidades.
En una época marcada por la revolución digital, las bibliotecas públicas tienen la oportunidad de evolucionar. La incorporación de computadoras, internet, libros electrónicos, plataformas educativas y programas de alfabetización digital permitiría ampliar sus servicios y convertirlas en herramientas de formación para las nuevas generaciones.
Estos centros también desempeñan un papel esencial en el fortalecimiento del hábito de la lectura. El contacto con los libros desde la infancia estimula la imaginación, enriquece el vocabulario y contribuye al desarrollo del pensamiento crítico, capacidades necesarias para formar ciudadanos capaces de analizar y comprender su entorno.
Asimismo, las bibliotecas son guardianas de la memoria histórica y cultural de los pueblos. A través de sus colecciones pueden conservarse documentos, obras literarias y testimonios que permiten conocer la historia de una comunidad y transmitir su identidad a las generaciones futuras.
Las bibliotecas públicas han constituido históricamente el corazón latente de la formación académica y cultural de cualquier sociedad que aspira al progreso. Estos recintos no son simples depósitos de libros llenos de polvo, sino refugios democráticos donde los estudiantes, sin importar su origen ni su nivel socioeconómico, acceden en igualdad de condiciones a la investigación, el pensamiento crítico y el desarrollo integral.
Su cierre no solo representa la pérdida de un lugar físico, sino también la reducción de oportunidades para quienes encuentran en estos espacios una alternativa para estudiar, investigar y acceder a información confiable. La desaparición de las bibliotecas puede profundizar las desigualdades educativas, especialmente entre estudiantes de sectores vulnerables.
Ante este panorama, el desafío no debería limitarse a evitar el cierre de las bibliotecas públicas, sino a recuperar las que han dejado de funcionar y convertirlas en centros modernos, accesibles y dinámicos. La educación necesita espacios donde el conocimiento esté al alcance de todos y donde la tecnología sea una aliada del aprendizaje.
La denuncia del diputado Ramón Raposo sirve de contexto para una reflexión necesaria sobre el valor de estos establecimientos. En lugar de permitir que pierdan su función educativa y cultural, las bibliotecas públicas deben ser rescatadas y fortalecidas como herramientas esenciales para el desarrollo de la sociedad dominicana.
Invertir en bibliotecas es invertir en educación, cultura y futuro. Su preservación y modernización representan una oportunidad para construir comunidades más informadas, reducir las desigualdades y garantizar que el acceso al conocimiento continúe siendo un derecho al alcance de todos.
Sin embargo, el panorama de la infraestructura educativa y cultural en la República Dominicana enfrenta una crisis sumamente preocupante, por la denuncia alarmante del cierre de 60 bibliotecas públicas a lo largo de todo el territorio nacional.
El aspecto más desolador de esta denuncia trasciende el abandono de las infraestructuras, llegando al extremo de la ironía social., ya que según reveló el legislador Raposo, varios de estos espacios diseñados para cultivar la mente de niños y jóvenes han sido transformados en funerarias comunitarias.
En un siglo marcado por la digitalización, la inteligencia artificial y el procesamiento de grandes volúmenes de datos, sustituir recintos de aprendizaje por salas de velatorio representa un evidente retroceso en las políticas públicas. En lugar de ser cerradas o reutilizadas de manera errónea, las bibliotecas públicas debieron ser adaptadas e integradas a las nuevas tecnologías. Convertirlas en centros informáticos de vanguardia, equipados con internet de alta velocidad, bases de datos digitales y herramientas interactivas, habría sido la respuesta idónea para cerrar la brecha digital entre los estudiantes dominicanos.
Para el estudiantado, la biblioteca pública representa mucho más que un lugar para consultar información bibliográfica. Es un espacio seguro donde concentrarse, un entorno idóneo para la tutoría entre pares y una alternativa sana frente a la delincuencia o la descomposición social que amenaza a muchos barrios del país.
Cuando se clausura una biblioteca, se les arrebata a miles de jóvenes la oportunidad de soñar con un futuro profesional y académico a través de la autosuperación.
El desarrollo de una nación no se mide únicamente por sus obras de concreto o sus indicadores económicos macroeconómicos, sino por el acceso equitativo que garantiza a la cultura y la educación. La falta de inversión suficiente en programas culturales y de preservación bibliotecaria pone en evidencia una distorsión en la escala de prioridades gubernamentales, priorizando el gasto operativo por encima de la formación del talento joven.
Ante esta desafortunada realidad, se hace imperativo un replanteamiento urgente por parte del Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación y las autoridades locales. Es hora de escuchar las voces de alerta y devolver a las comunidades sus espacios de formación, rescatando la red nacional de bibliotecas para su modernización definitiva.
Invertir en la rehabilitación tecnológica de las bibliotecas no es un gasto superfluo; es una de las estrategias más sólidas y costo-efectiva para fortalecer el sistema educativo nacional. República Dominicana necesita espacios donde la juventud aprenda a crear, innovar y construir el futuro, reemplazando el luto del abandono por la luz del conocimiento.