Santo Domingo frente a la basura: recoger no basta, hay que cambiar los hábitos
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La acumulación de desperdicios en las esquinas evidencia la necesidad de fortalecer la educación ciudadana, mejorar la organización de la recogida y promover el reciclaje durante todo el año.
Santo Domingo.- Voy saliendo de mi casa y veo pasar a un obrero que por lo que lleva en sus manos parece ir a una construcción, va tomandose un jugo de caja y parece que lo terminó, sin ninguna preocupación tira la caja en el frente de mi acera, sin importarle que le miro mal. Mucho más tarde pasan unos escolares comiendo una empanada y al terminar lanzan la bolsa de papel también en la acera, le llamo la atención, pero ni me escuchan, siguen como si nada. Esta situación es común en cualquier calle.
Una cosa notoria con los residuos sólidos es que en la mayoria de los barrios de la parte alta de la capital se ven los frentes de las viviendas, pero lo que muchos no saben es que la parte de atrás de esas casas se apilan cientos de casuchas, donde viven cientos de familias practicamente hacinadas, las cuales sacan su basura a cualquier hora, porque viven en tal estrechez, que prácticamente no pueden tenerla dentro. Es por la razón que se requiere educación.
En distintos barrios de Santo Domingo, las esquinas se convierten en puntos de acumulación de basura que afectan la imagen de la ciudad y la convivencia de sus residentes. Aunque los camiones recolectores pasan a retirar los desperdicios, el problema vuelve a aparecer cuando algunas personas sacan sus fundas después de que el servicio ha realizado su recorrido. La escena plantea una pregunta fundamental: ¿de qué sirve recoger los residuos si vuelven a depositarse en las calles poco después?
La situación descrita por residentes de sectores afectados refleja un desafío que requiere más que jornadas ocasionales de limpieza. La gestión de los residuos sólidos depende de la capacidad de las autoridades para recogerlos, pero también de la disposición de los ciudadanos para respetar los horarios, evitar los vertederos improvisados y comprender que mantener limpia una comunidad es una responsabilidad compartida.
Una de las primeras medidas necesarias es desarrollar una campaña permanente de educación ambiental, con mensajes sencillos y prácticos que expliquen cuándo sacar la basura, cómo colocarla y qué consecuencias tiene arrojarla en las vías públicas. Esta iniciativa debería difundirse por radio, televisión, redes sociales, centros educativos, iglesias, juntas de vecinos y establecimientos comerciales. La campaña no debe limitarse a pedir limpieza: debe enseñar cómo contribuir a ella.
El segundo paso consiste en mejorar la comunicación entre la Alcaldía de Santo Domingo y las comunidades. Publicar horarios confiables de recogida, informar sobre cambios en las rutas y establecer canales para reportar acumulaciones ayudaría a reducir la incertidumbre. Si los camiones pasan en determinados días y horas, los residentes necesitan conocer esa información y disponer de mecanismos para avisar cuando el servicio no se cumple. La puntualidad del servicio y la colaboración ciudadana deben avanzar juntas.
También es necesario identificar las esquinas donde la basura reaparece con mayor frecuencia y convertirlas en puntos prioritarios de intervención. En esos lugares, las autoridades municipales podrían combinar una limpieza profunda con señalización, vigilancia, visitas casa por casa y acuerdos con las juntas de vecinos. En vez de limitarse a retirar los desperdicios cada vez que se acumulan, la intervención debe buscar por qué ocurre el problema y qué medidas pueden impedir que se repita.
La participación comunitaria puede convertirse en otra herramienta importante. Las juntas de vecinos, los comerciantes, los centros educativos y las organizaciones sociales pueden colaborar en jornadas de orientación, supervisión y recuperación de espacios públicos. Cada sector podría contar con representantes encargados de comunicar los horarios de recogida, promover buenas prácticas y canalizar las denuncias. Estas acciones deben acompañarse de apoyo municipal y no sustituir las obligaciones de las autoridades.
Reglas claras y consecuencias
La educación, sin embargo, debe estar acompañada de reglas claras y consecuencias proporcionales para quienes depositen desperdicios en lugares prohibidos o incumplan las disposiciones municipales. Las sanciones deben aplicarse con transparencia y sin discriminación, luego de informar a la población sobre las normas. Al mismo tiempo, las autoridades tienen que garantizar un servicio de recogida organizado y accesible, porque no sería justo responsabilizar únicamente a los residentes cuando existen fallas en las rutas o falta de alternativas adecuadas para disponer de determinados residuos.
El marco legal dominicano ofrece una base para avanzar hacia una solución integral. La Ley núm. 225-20, sobre gestión integral y coprocesamiento de residuos sólidos, contempla la prevención y reducción de los desechos, la reutilización, el reciclaje, la valorización y la regulación de los sistemas de recolección y disposición final. Su aplicación efectiva requiere coordinación institucional, recursos, fiscalización y participación ciudadana. La limpieza urbana, por tanto, no debe depender exclusivamente de operativos extraordinarios ni de campañas realizadas en fechas específicas.
Para determinar qué medidas funcionan, los ayuntamientos también necesitan evaluar los resultados. Registrar cuántos puntos críticos se mantienen limpios, cuántas denuncias se reciben, cuánto tarda la respuesta municipal y qué cantidad de residuos se recupera permitiría medir avances y corregir fallas. Publicar periódicamente esos datos ayudaría a que los residentes conozcan los resultados y puedan exigir mejoras con información verificable.