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Acumulación de basura en Santo Domingo exige educación ciudadana y soluciones sostenibles

El problema de los vertederos de basura improvisados en las calles de Santo Domingo requiere de educación ambiental, mejor recogida de residuos, reciclaje y compromiso ciudadano…

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El problema de los vertederos de basura improvisados en las calles de Santo Domingo requiere de educación ambiental, mejor recogida de residuos, reciclaje y compromiso ciudadano para mantener limpias las calles.

Santo Domingo, R.D.- La acumulación de residuos sólidos en las esquinas de los barrios de Santo Domingo se ha convertido en una problemática recurrente que afecta la salud pública y el entorno urbano. En diversos sectores del Gran Santo Domingo y del Distrito Nacional, el panorama se repite: los camiones recolectores cumplen con sus rutas, pero a los pocos minutos de haber despejado los espacios, numerosos ciudadanos vuelven a depositar sus desperdicios en las aceras, creando vertederos improvisados de forma continua.

 La escena plantea una pregunta fundamental: ¿de qué sirve recoger los residuos si vuelven a depositarse en las calles poco después?

Esta situación demuestra que el desafío no reside únicamente en la capacidad de recolección ni en la frecuencia de los camiones. Se trata de un problema integral donde influyen la falta de horarios fijos para la disposición de desechos, la escasa educación ambiental y la ausencia de un régimen de consecuencias efectivo que desincentive la práctica de arrojar basura a cualquier hora del día.

Frente a esta realidad, el Ayuntamiento del Distrito Nacional ha desarrollado programas de impacto social como la recolección e intercambio de botellas plásticas por juguetes o útiles escolares. Si bien estas iniciativas han fomentado la concienciación sobre el reciclaje y han logrado retirar toneladas de plástico de las calles y cañadas, resulta evidente que no son suficientes por sí solas para erradicar el problema de fondo sin un cambio cultural y operativo profundo.

Recoger la basura no basta, hay que cambiar los hábitos

Para abordar esta problemática de manera definitiva, la primera solución clave es el diseño de una campaña educativa y de sensibilización permanente enfocada en la "disposición a tiempo". Más allá de mensajes generales de limpieza, la ciudadanía requiere información precisa sobre las rutas, días y horarios exactos en que pasa el camión por su sector, instando a las familias a sacar sus fundas únicamente en las horas autorizadas.

Desarrollar una campaña permanente de educación ambiental, con mensajes sencillos y prácticos que expliquen cuándo sacar la basura, cómo colocarla y qué consecuencias tiene arrojarla en las vías públicas. Esta iniciativa debería difundirse por radio, televisión, redes sociales, centros educativos, iglesias, juntas de vecinos y establecimientos comerciales. La campaña no debe limitarse a pedir limpieza: debe enseñar cómo contribuir a ella.

En segundo lugar, se requiere fortalecer la articulación con los líderes de la comunidad a través de juntas de vecinos, iglesias y clubes sociales para la creación de comités ambientales barriales. Estos comités comunitarios pueden asumir un rol activo en la vigilancia, orientación y educación de sus propios vecinos, evitando que los puntos limpios vuelvan a convertirse en depósitos de desperdicios tras el paso del camión.

Asimismo, la erradicación física de los llamados "puntos críticos" ofrece una respuesta visual y transformadora. Aquellas esquinas que históricamente se utilizan como vertederos deben ser intervenidas por la alcaldía y los vecinos para convertirlas en pequeñas áreas verdes, espacios con iluminación o muros decorados con arte urbano. La experiencia demuestra que un espacio embellecido desmotiva el vertido de basura. La Alcaldía del DN ha recuperado que eran vertederos  en diversos sectores, entre estos Villa Consuelo.

En el ámbito formativo, es esencial llevar la educación ambiental a las aulas de manera continua, implementar talleres sobre la reducción, reutilización y reciclaje de materiales (cultura de las 3R) en las escuelas y colegios, permite que los estudiantes adopten hábitos sostenibles desde temprana edad y actúen como agentes multiplicadores dentro de sus propios hogares.

Por otra parte, la concienciación debe ir acompañada de un régimen sancionador y de fiscalización. La activación de la Policía Ambiental Municipal para imponer multas, notificaciones o sanciones de trabajo comunitario a los ciudadanos o comercios reincidentes que saquen desperdicios fuera de horario es imprescindible para sentar un precedente de respeto por los espacios públicos.

La incorporación de herramientas tecnológicas constituye otro pilar fundamental para modernizar el servicio, al igual que el uso de sistemas de monitoreo por GPS en la flota de camiones, accesible mediante aplicaciones o grupos comunitarios y la instalación de cámaras de seguridad en los puntos críticos de mayor incidencia permitirán fiscalizar el cumplimiento de las rutas e identificar a quienes infrinjan las normas ambientales.

Por último, Santo Domingo debe avanzar hacia el fortalecimiento de un modelo de economía circular y reciclaje formalizado. Incentivar la separación de residuos desde el origen, apoyar la instalación de centros de acopio en los barrios y formalizar el trabajo de los recolectores locales permitirá reducir drásticamente el volumen de basura que llega a las calles, transformando los desechos en una oportunidad de desarrollo y orden social para toda la ciudad.

 La incorporación de soluciones basadas en economía circular, los comités ambientales barriales, el uso de tecnología (GPS, sensores, cámaras).

Las soluciones basadas en la economía circular proponen transformar el modelo tradicional de «comprar, usar y tirar» en un sistema donde los desechos se conviertan en materias primas. Para Santo Domingo, esto implica implementar la separación en la fuente (hogares y comercios) e instalar centros de acopio y plantas de valorización para el reciclaje y coprocesamiento energético de materiales como plásticos, cartón y residuos orgánicos. Además, la aplicación de la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) obliga a los fabricantes e importadores a asumir la gestión del ciclo de vida postconsumo de sus envases y productos, promoviendo la reducción de empaques de un solo uso e impulsando la integración formal de los recicladores de base.

Para garantizar la viabilidad de este modelo en la República Dominicana, el marco normativo establece incentivos fiscales, la creación de fideicomisos públicos-privados y la sustitución gradual de plásticos no reutilizables. Esto no solo busca erradicar los vertederos a cielo abierto y disminuir el volumen de residuos en las vías públicas, sino también estimular la inversión privada en tecnología limpia, generar nuevos empleos verdes y fomentar una cultura de consumo responsable en toda la población.

Reglas claras

La educación, sin embargo, debe estar acompañada de reglas claras y consecuencias proporcionales para quienes depositen desperdicios en lugares prohibidos o incumplan las disposiciones municipales. Las sanciones deben aplicarse con transparencia y sin discriminación, luego de informar a la población sobre las normas. Al mismo tiempo, las autoridades tienen que garantizar un servicio de recogida organizado y accesible, porque no sería justo responsabilizar únicamente a los residentes cuando existen fallas en las rutas o falta de alternativas adecuadas para disponer de determinados residuos.
El marco legal dominicano ofrece una base para avanzar hacia una solución integral. La Ley núm. 225-20, sobre gestión integral y coprocesamiento de residuos sólidos, contempla la prevención y reducción de los desechos, la reutilización, el reciclaje, la valorización y la regulación de los sistemas de recolección y disposición final. Su aplicación efectiva requiere coordinación institucional, recursos, fiscalización y participación ciudadana. La limpieza urbana, por tanto, no debe depender exclusivamente de operativos extraordinarios ni de campañas realizadas en fechas específicas.
Para determinar qué medidas funcionan, los ayuntamientos también necesitan evaluar los resultados. Registrar cuántos puntos críticos se mantienen limpios, cuántas denuncias se reciben, cuánto tarda la respuesta municipal y qué cantidad de residuos se recupera permitiría medir avances y corregir fallas. Publicar periódicamente esos datos ayudaría a que los residentes conozcan los resultados y puedan exigir mejoras con información verificable.

El éxito del Plásticos por Juguetes y Útiles Escolares

La experiencia del programa Plásticos por Juguetes y su modalidad Plásticos por Útiles Escolares, impulsados por la Alcaldía del Distrito Nacional, demuestra que los incentivos pueden movilizar a la población alrededor del reciclaje. Según el Ayuntamiento, las cinco ediciones de Plásticos por Juguetes y las dos primeras de Plásticos por Útiles Escolares habían permitido retirar más de 33 millones de botellitas plásticas de las calles, de acuerdo con un balance divulgado en 2025. La cifra muestra el alcance que puede tener una iniciativa de este tipo, aunque no significa que se haya resuelto el problema general de los residuos.

Para ampliar ese esfuerzo, las jornadas de canje podrían complementarse con programas de reciclaje durante todo el año, puntos de entrega accesibles y acuerdos con centros educativos, comercios y organizaciones comunitarias. También convendría promover la separación de materiales aprovechables, como papel, cartón, vidrio y determinados plásticos, siempre que existan mecanismos reales para recibirlos y procesarlos. De poco sirve pedir a los hogares que separen sus residuos si después todos terminan mezclados en el mismo camión.

Otra solución es impulsar la reducción de los desechos desde su origen. Los hogares pueden reutilizar envases, evitar productos de un solo uso cuando existan alternativas y separar los residuos orgánicos que puedan aprovecharse mediante sistemas adecuados de compostaje. Los comercios, por su parte, pueden reducir embalajes innecesarios y facilitar la recuperación de materiales. Estas medidas no eliminan la necesidad de la recogida municipal, pero pueden disminuir la cantidad de basura que llega a las calles y a los lugares de disposición final.

Santo Domingo necesita calles limpias, objetivo no se alcanzará con sólo aumentar la frecuencia de los camiones. Requiere una ciudadanía consciente de sus responsabilidades, autoridades que ofrezcan un servicio confiable y un sistema que reduzca la cantidad de residuos y aproveche los materiales reciclables. La solución comienza cuando la basura deja de verse como un problema que alguien más debe resolver y se asume como una responsabilidad compartida entre el hogar, la comunidad, los comercios y el gobierno municipal.

Fuentes consultadas para sustentar el reportaje

  • Ayuntamiento del Distrito Nacional, Ministerio de Medio Ambiente, IA, Ley General de Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos (No. 225-20) de la República Dominicana y sus modificaciones regulatorias.

Margarita Brito

Periodista con más de 20 años de experiencia en radio, televisión y prensa escrita. Esposa, madre y abuela. Escribo porque me gusta y porque nada me es ajeno.

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