La misión Artemis II de la NASA encara su fase más desafiante de 10 días, con el retorno de la nave Orión, que deberá atravesar la atmósfera terrestre a una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, enfrentando temperaturas cercanas a los 2.700 °C y una secuencia de maniobras críticas para lograr un amerizaje seguro en el océano Pacífico. infobae.com
Según comunicó la NASA, el reingreso previsto y amerizaje, conocido en la jerga como splashdown, ocurrirá a las 20:07 hora EDT, lo que corresponde a las 21:07 en Argentina, 19:07 en Perú y Colombia, 18:07 en México y El Salvador, 00:07 GMT y 7:07 de la noche del sábado 11 en República Dominicana. El descenso se producirá frente a las costas de San Diego, en el tramo más peligroso del viaje y considerado el principal desafío tecnológico del programa lunar.
La nave Orión inicia su regreso tras completar una travesía de más de 1.100.000 kilómetros alrededor de la Luna, superando la distancia alcanzada por misiones previas con tripulación.
Los cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, fueron los primeros en rodear la Luna en medio siglo y ahora se preparan para enfrentar un descenso que no admite errores. La secuencia final exige que Orión ingrese a la atmósfera con un ángulo de -5,8° respecto del horizonte.
El margen de tolerancia es mínimo: una inclinación demasiado plana provocaría que la cápsula rebote y pierda control, mientras que un ángulo demasiado empinado elevaría el estrés térmico y mecánico, poniendo en riesgo la vida de la tripulación y la integridad de la nave.
La operación comienza con la separación del módulo de servicio, que expone el escudo térmico de la cápsula. Los motores de control de reacción alinean el vehículo para enfrentar la atmósfera.
En ese instante, Orión se sumerge en el aire a más de 40.000 km/h, una velocidad que, según explicaron fuentes de la NASA, sería suficiente para cruzar el planeta en menos de una hora.
La fricción genera un plasma incandescente alrededor de la nave, con temperaturas que rozan los 2.700 °C (4.892 °F), bloqueando las comunicaciones con el control de misión durante varios minutos críticos.
Todos los ojos puestos en el escudo térmico de la nave
El escudo térmico es el protagonista en esta etapa. Fabricado con una base de titanio y recubierto por 186 bloques de Avcoat de 3,8 centímetros de espesor, debe resistir la abrasión del plasma sin permitir que el calor alcance el módulo tripulado.
El antecedente más reciente, la misión Artemis I no tripulada, arrojó señales de advertencia: la NASA detectó desprendimientos de material carbonizado en el escudo, lo que motivó una revisión profunda.
Aunque la agencia avaló la seguridad del diseño para Artemis II, modificó la trayectoria de reingreso, optando por un ángulo más pronunciado para reducir el tiempo de exposición al calor.
Durante estos ocho minutos de descenso, la nave atraviesa una fase de máxima tensión. “Estamos aún trabajando con los militares para garantizar que, si hay un evento fuera de lo nominal, tengamos fuerzas de rescate listas para ir al sitio del aterrizaje no nominal”, manifestó Lili Villarreal, directora de Aterrizaje y Recuperación de Artemis, en una rueda de prensa.
El operativo contempla contingencias por clima adverso o por un posible amerizaje fuera de la zona prevista. La cápsula debe caer en una franja de 3.704 kilómetros en el Pacífico, cerca de San Diego.
El rango de tolerancia es estrecho y los equipos de rescate mantienen aviones C-17 en alerta, junto a helicópteros y apoyo logístico desde Pearl Harbor.
La crucial maniobra de reingreso atmosférico
La cápsula Orión comienza su desaceleración con el despliegue de una primera serie de paracaídas tras desprender la cubierta del compartimento delantero a 7.620 metros de altura.
A 2.900 metros se activa un segundo grupo de paracaídas, que reduce la velocidad de la nave de más de 500 km/h a solo 27 km/h en el momento del impacto con el agua. El procedimiento fue ensayado en doce simulaciones en alta mar y probado en la misión Artemis I, pero el descenso real con tripulación añade una dimensión inédita de riesgo y expectativa.
El sitio elegido del amerizaje, cerca de San Diego, permite un acceso rápido de los equipos de rescate de la United States Navy. La nave puede caer erguida, invertida o de lado, por lo que cuenta con cinco airbags naranjas para estabilizarse en el agua.

