José Rafael Sosa
SANTO DOMINGO. Un libro se publica en París en 1967. Su autor es Guy Debord. Su título es La sociedad del espectáculo. Otro libro aparece en España en 2012, La civilización del espectáculo (2012), de Mario Vargas Llosa, quienes parten del mismo enfoque: la sociedad debe ser vista como espectáculo para mirarla.
Los dos autores, uno marxista y otro de pensamiento liberal‑derechista, coinciden al apreciar lo mismo, aunque con sus notas particulares.
Hay que leer y estudiar a ambos para estimular la capacidad de actuar socialmente, no solo de consumir contenidos; ello implica promover la habilidad de crear contenidos con un sentido distinto.
Observamos (jrs) que las redes sociales no son malas o negativas en sí mismas; son un medio. Lo que se ha permitido es que la banalidad de lo fatuo, la confrontación sin esencia, la maledicencia y la medición —encarnadas en los titulares de las miniaturas— nos enganchen y nos mantengan más allá del minuto 28, cuando se celebra el “Minuto de Oro”, límite que genera mayores ganancias en dólares para sus figuras estelares.

Para aterrizar, un ejemplo: Se monta el 18 de marzo el ceremonial de Premios Soberano 2025, pero las dos semanas siguientes las redes sociales se llenan de debates sobre trapos y vestimentas adecuadas o no, sobre la inconformidad de los que no ganaron, las referencias de comunicación adicional tóxica y escasamente asertiva, pero ¿quién destaca la calidad de la producción de televisión, la escenografía, los intérpretes musicales y de danza, la brillantez de mejor de los parlamentos de humor, el de Juan Carlos Pichardo, la consistencia estética y de alta sensibilidad de las dos mejores interpretaciones (las de Barak y Martha Heredia, en el In Memoriam), la justeza de sus premios al mérito, lo asertivo del mejor discurso, el de José Antonio Rodríguez?
Es claro que se persigue mantener a millones de personas atrapadas por una técnica de enclaustramiento diseñada por los creadores de las redes sociales: el scroll infinito (o desplazamiento infinito) es una técnica de diseño web y de aplicaciones que, al lograr que el usuario se mantenga continuamente deslizando hacia abajo, elimina la necesidad de pulsar “siguiente página”. Así se crea un flujo ininterrumpido de información que permite navegar sin un punto final definido.
Esa trampa genera una acción que produce el “zombie scrolling” (desplazamiento obsesivo), creando una actitud de “piloto automático” en la que se consumen vídeos o imágenes de forma inconsciente durante largos periodos.
La situación actual, la actitud de vivir la sociedad como un escenario que se debe observar, ha sido descrita en detalle en dos momentos históricos diferentes, con dos perspectivas sociales distintas pero coincidentes en una visión: Guy Debord (1967) y Mario Vargas Llosa (2012).
Los ensayos de Debord y Vargas Llosa mantienen una vigencia que les hace dignos de reconocimiento y estudio.
Reconocimiento de Debord: Vargas Llosa retoma la crítica radical de Guy Debord para contextualizar la problemática moderna, reconociendo la actualidad de su teoría, pese a que el contexto histórico (capitalismo de los años 60 vs. sociedad de la información actual) ha cambiado.
Análisis del espectáculo como simulacro: Ambos autores describen una sociedad donde la gente prefiere “haber estado allí” (en el evento) a comprender su significado, creando un vacío existencial en el que las imágenes impiden ver la propia existencia.

Guy Debord desarrolla una crítica marxista y situacionista, viendo el espectáculo como una herramienta directa de la alienación capitalista.
Mario Vargas Llosa, desde una perspectiva liberal, se enfoca más en la pérdida de valores estéticos e intelectuales, lamentando la desaparición de una “alta cultura” jerárquica.
La obra de Debord se considera una teoría filosófica más abstracta y pulverizante.
La de Vargas Llosa es una radiografía cultural más concreta, centrada en la literatura, el periodismo y la política. En Youtube hay abundantes contenidos sobre ambos libros.

