Por Dra. Marcia Castillo

Mi madre decía que envejecer requiere de mucho coraje y yo acoto a esto al igual que Maurois que hay que cargarse de toda la esperanza posible para llegar a la ancianidad y no desmoronarse, pero realmente ¿Se puede envejecer con esperanza en República Dominicana?

Para el año 2018, cerca de un millón de personas rondaban 60 años o más, es decir, aproximadamente el 9% de la población general, un proceso que va en aumento según las proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Este último reporte recalca enfáticamente que envejecemos vertiginosamente.

Sin embargo, envejecer en nuestros sistemas socioculturales es un tema espinoso y tiene muchas aristas, tal vez, la más preocupante es alcanzar una longevidad sana, objetivo del que claramente estamos cada vez más distante pues para alcanzarlo habría que empezar por readecuar los sistemas de salud, educación, vivienda, transporte y construir espacios amigables que ayuden a conservar la autonomía  de las que se van adentrando en ese mundo de fragilidad física y emocional.

Antes del confinamiento existía una serie de variables que violentaban la salud emocional de los envejecientes, la sociedad tardo-moderna pasó de jerarquizar la ancianidad a alienarla y finalmente a cosificarla de forma tal que la percepción subjetiva de soledad en muchos de ellos es bastante alta.

A partir de ahí observamos depresiones subclínicas infra diagnosticadas, patologización de la vejez, falta de empatía y una sociedad que ha devenido cada vez más gerontofóbica. Palpamos una dolorosa indefensión en la que muchos se encuentran lejos de los hijos, sin recursos, con pensiones pírricas y sin un núcleo de apoyo. El adulto mayor (AM), tiene que tragarse todos sus duelos en silencio, sus compañeros de vida ya no están, hay tantas cosas perdidas, asuntos inconclusos, cambios inexorables en las estructuras sociales y superposición de comorbilidades que socavan la autovalencia y merman su calidad de vida.

En el otro costado, está la postura de los hijos que muchas veces no entienden los cambios biosociológicos que atraviesan sus padres, entonces se colocan en polos opuestos, por un lado un status de sobreprotección y en el otro la demanda constante al retorno al estatus quo que ya no puede ser y no será generando frustración en los padres puesto que asumen que es su culpa y que debe esforzase más.

Como efecto ‘ex machínenos’, arropó la pandemia y el confinamiento injuriando más la psiquis del AM, pero también develado esas brechas y falencias que estaban latentes y la realidad las hizo tangibles.

Dicen que “la vejez es un pacto honrado con la soledad”, no esa soledad no deseada, angustiosa y angustiante que lacera las emociones, que nos cuestiona como a Edipo frente al Oráculo ¿Cuál es el animal que en la mañana camina en cuatro patas a mediodía en dos y final en tres? Finalmente, envejecientes somos todos.

 

Por Margarita Brito

Periodista con más de 20 años de experiencia en radio, televisión y prensa escrita. Esposa, madre y abuela. Escribo porque me gusta y porque nada me es ajeno.

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